En una olla forma una capa delgada de azúcar y ponla a temperatura media. A medida que se va derritiendo en ciertos puntos vas cubriéndolos con más azúcar nuevamente en una capa finita. Continúa haciendo esto hasta que hayas usado todo el azúcar de la receta.
Deja que se ponga de un color dorado pálido y no uses utensilios para mezclar en este punto. Solo usa el mango de la sartén para girarla y que se mezcle si crees que es necesario. Voilá! Ya hiciste caramelo directo 🙂
Agrega el maní y mezcla fuera del fuego brevemente. Luego traspasa todo lo que está en la olla a un mat de silicona o sobre un papel para hornear. Deja que se enfríe por completo, ¡es muy importante!
Traspasa todo a una procesadora de alimentos o a una licuadora potente. En mi caso yo usé la nueva Oster Titan que tiene 3 caballos de fuerza y molió todo creando una pasta en pocos minutos. Tiene una función que muele y calienta que es perfecto para ayudar a las nueces a soltar su aceite y que se muelan más rápido. Quieres lograr una pasta bastante suave. Si es necesario detente un par de veces en el proceso para raspar los bordes del contenedor y asegurarte que todo se esté moliendo parejo.
Agrega el cacao y leche y licúa para mezclar. Deja que se enfríe por completo antes de rellenar.
Espolvorea las tapas con ventanita con azúcar.
Usa una manga para poner relleno sobre la base de una galleta. Tápala con la galleta con ventanita. Repite con todas las galletas.