Pon el azúcar sobre las yemas y bátelas con un batidor de mano rápidamente. Si esperas mucho tiempo para hacerlo, el azúcar va a deshidratar las yemas y se va a formar una capa gruesa que no vas a poder disolver.
Sigue batiendo las yemas con el azúcar hasta que aclaren en color.
En una olla van las semillas de la vaina de vainilla así como la vaina junto con la leche. Para quitar las semillas primero asegúrate que no esté aplanada y luego quítale las puntitas y la abres por el centro.
Usa la parte de atrás de un cuchillo para sacar las semillas suavemente para no sacar corteza de la vaina. Las semillas y la vaina van en la olla también.
Calienta la leche hasta que salga bastante vapor pero que no llegue a romper hervor.
Tempera las yemas agregando aproximadamente 1/3 de la leche caliente y mezclando con un batidor muy muy rápido porque se están cocinando. Luego agregamos el resto de la leche con confianza porque ya pasó lo peor 😉
Antes de seguir al siguiente paso prepara un baño María invertido (un bowl con agua y hielo con otro bowl encima para enfriarlo)
Regresa todo a la olla y la ponemos en fuego medio-bajo. Más alto que esto puede hacer que se corte la mezcla.
Mezcla constantemente con una espátula hasta que la mezcla espese. El primer signo de que la crema inglesa está casi lista es que desaparece la espuma de la parte superior. De ahí en adelante va muy rápido y estamos buscando que tenga una consistencia suficientemente espesa como para cubrir la parte de atrás de una cuchara o espátula y que podamos hacer una raya con nuestro dedo y esta no se borre inmediatamente. Para mayor referencia pueden ver el video líneas arriba.
Una vez que llegaste a la consistencia adecuada, pásalo inmediatamente por un colador y al baño maría invertido para detener la cocción y que no se corte.
Mueve la mezcla para ayudarla a enfriarse y agrega más hielo de ser necesario. Refrigerar por lo menos por 3 horas antes de servir.